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novela negra

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09/07/2010
En busca de Lisbeth

Tratar de encontrar a Lisbeth Salander por las calles y pequeñas plazas de Estocolmo es desesperante. Siempre crees que llegas tarde y que la heroína de la trilogía ‘Millennium', de Stieg Larsson, acaba de abandonar el lugar protegida por su sigilo y su capucha negra. La frustración se supera finalmente, porque la búsqueda de una de las criaturas más increíbles creada por la literatura te mete de lleno en la obra de Larsson, a la vez que se descubre una de las ciudades más maravillosas del mundo.

Una isla destaca en Estocolmo sobre las otras 13: Södermalm, el epicentro de Millennium, el refugio de los personajes buenos, la selva urbana impenetrable en la que la hacker Lisbeth Salander se mueve como una sombra y donde se palpa el espíritu del desaparecido Stieg Larsson (1954-2004).

Cualquier recorrido por Södermalm acerca al visitante a la trilogía mágica que componen Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire, y que ahora Destino nos hace llegar en edición de bolsillo.

Un barrio especial

El tour oficial que ofrece el museo de la ciudad por el barrio de Södermalm ha atraído a unas 10.000 personas en el último año. La visita se puede hacer en castellano y tiene una duración de 90 minutos. En la web www.stadsmuseum.stockholm.se está toda la información relativa al circuito Millennium. El tour cuesta 120 coronas, unos 12 euros, y es perfecto para conocer de cerca este barrio repleto de cafés, bares, pequeños restaurantes y zona preferida como lugar de residencia de los intelectuales, jóvenes o los más bohemios habitantes de esta ciudad que ha adquirido el inglés como el segundo idioma no oficial y donde no se prohíbe el uso del burka.

Es inevitable que el tour introduzca elementos tanto del libro como de la película. Inicialmente éste es un detalle incómodo. Muchos consideran que los tres filmes no reflejan la calidad de la obra de Larsson, aunque su éxito taquillero en Europa ha activado un proyecto Millennium en Hollywood, un hecho que ha molestado en Suecia, donde la producción local de la trilogía no sólo ha gustado a la gran mayoría, sino que ha activado incluso una serie televisiva.

La mezcla entre los escenarios que aparecen en los libros y los filmes resulta efectivamente chocante, y sin embargo son complementarios e interesantes. Las películas suecas han sido producidas por Sören Staermose, y fueron dirigidas, en su primera entrega, por el danés Niels Arden Olsen, y por el sueco Daniel Alfredson. Millennium está protagonizada por Noomi Rapace, en el papel estelar de Lisbeth Salander, y por Michael Nyqvist, que interpreta al periodista Mikael Blomkvist.

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Noticia publicada en: www.adn.es
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06/07/2010
La única entrevista que Stieg Larsson dio sobre Millennium

El autor sueco habló con un periodista sueco, dos semanas antes de morir de un infarto al corazón. Allí reveló el origen de la brillante y perturbada Lisbeth Salander, recordó su pasado como reseñista y se mostró confiado en sus libros: "Sé que son buenos. Esto es mi fondo de jubilación".

Todo comenzó en un soleado día a fines de septiembre de 2004, en una banca afuera de la Feria del Libro de Gothenburg. John-Henri Holmberg, un editor sueco, se sentó al lado mío y me habló sobre tres manuscritos que acababa de leer, escritos por un amigo llamado Stieg Larsson. Estos escritos, dijo, transformarían a su autor en el escritor sueco más famoso del mundo, "incluso más que Henning Mankell".

En esos años, Mankell había conquistado casi todos los mercados alrededor del mundo, con ventas internacionales de unos 20 millones de copias. Larsson, que por entonces trabajaba como editor de una revista contra el racismo llamada Expo, no había publicado una sola palabra de ficción en su vida.

Si me lo hubiera dicho cualquier otra persona, me hubiera reído de la reivindicación de Holmberg como si se tratara de una extravagante fantasía. Pero mi fe en su opinión, sumado al hecho de que el tal Larsson había esperado a tener tres manuscritos listos antes de acercarse a un editor, me tenían intrigado. Así es que al día siguiente llamé a Larsson y le pregunté si me dejaría entrevistarlo.

Pocas semanas después, el 27 de octubre de 2004, nos encontramos en Estocolmo, en las oficinas de Expo. La débil luz del día se filtraba en una habitación amoblada con una simple mesa, dos sillas comunes y una lámpara. Larsson, fumador compulsivo de 50 años, se veía exhausto. Después de su muerte, mucho se escribiría sobre su infatigable ritmo de trabajo, su capacidad sobrehumana para escribir por horas sin pausa. Claramente, ese ritmo le estaba pasando la cuenta. Los únicos resultados conocidos de su trabajo eran, por entonces, los destapes de organizaciones racistas y fascistas para Expo, publicación que había ayudado a crear en 1995, para seguir la pista a una ola de asesinatos por neonazis. Este trabajo lo había expuesto a la luz pública y provocado amenazas de muerte.

Larsson vivía con su pareja de toda la vida, Eva Gabrielsson, pero su nombre no estaba en el portero de su departamento ni su dirección estaba registrada en ningún documento o base de datos. La pareja tenía varias rutinas establecidas para salir de su casa: algunas veces lo hacían por la puerta principal; otras, salían por la parte de atrás, a través del sótano. Larsson tenía el hábito de mirar sobre su hombro a menudo, como para asegurarse de que nadie lo estaba siguiendo.

No mucho antes de nuestro encuentro, la policía había informado a Larsson que se habían encontrado fotografías de él junto a Gabrielsson, además de información sobre su dirección, en medio de la investigación de un asesinato que estaban llevando a cabo en Estocolmo.

Empecé la entrevista indagando en este aspecto de su vida, preguntándole si tomaba medidas para protegerse. Fue un error. "Seguro", soltó enseguida, "pero difícilmente voy a contarte cuáles son, ¿cierto?".

Cuando sugerí que en el futuro no tendría que seguir temiendo los posibles ataques de grupos extremistas de derecha, porque su fama lo protegería, su temperamento se encendió: no creía que ser una figura pública fuera a cambiar nada. "Lo que sí creo es que podría volverme más selectivo", dijo malhumorado. "Tengo un trabajo en Expo. Pretendo conservarlo. Es tarea de la editorial vender mis libros. Mi trabajo sólo es producirlos. Supongo que tendré que hacer algunas apariciones públicas por ellos. Pero ya estoy empezando a odiar la idea, porque realmente no tengo tiempo para eso".

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